En 1948, Costa Rica abolió su ejército después de una breve guerra civil. Esta decisión fue tomada por José Figueres Ferrer, líder del grupo ganador en la guerra y más tarde presidente del país. La abolición del ejército permitió que los recursos destinados a la defensa se redirigieran a sectores como la educación, la salud y el desarrollo infraestructural. Esto ayudó a mejorar las tasas de alfabetización y el sistema de salud pública, convirtiendo a Costa Rica en un ejemplo de desarrollo humano.
En lugar de un ejército, Costa Rica cuenta con una fuerza policial civil y unidades especializadas, como la Fuerza Pública, que se encargan de la seguridad interna. También tiene una guardia costera para proteger sus aguas y unidades de respuesta a desastres para emergencias. A nivel internacional, el país depende de tratados y relaciones diplomáticas para garantizar su soberanía. Por ejemplo, mantiene fuertes lazos con los Estados Unidos y la ONU, que le brindan cierto grado de protección externa.
La decisión de abolir el ejército convirtió a Costa Rica en un símbolo de paz en América Latina. Aunque enfrenta desafíos, como su dependencia de otras naciones para la defensa externa, su enfoque en la paz y el progreso ha hecho que el país sea reconocido como un modelo de desarrollo sostenible y felicidad global.
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